Zamná (672)
Caudillo Maya

Zamna aparece como el primer conductor de una antigua tribu Maya, que se asentó en la península yucateca, cuando esta región fue invadida por los pueblos que arrojara la selva, con su paludismo y sus enfermedades que diezmaban a las antiguas poblaciones metidas en su seno. Cogolludo lo llama también Itzamaná, y Braseur de Bourbourg le dice Itzamená; en Maya, Itzimna significa " leche del seno de la madre ", es decir, el principio sustentador de la vida; pero Zamná, cuando alguien le preguntaba quien era el, respondía: " Itzen caan tezn muyal ", que significa en parte: " soy la sustancia del cielo; soy el rocío de las nubes ".

Algunos opinan que Zamná fue un sacerdote y jefe de tribu que se presentó al frente de la inmigración occidental de los Mayas a la península del Mayab; otros creen que fue compañero de Votán, el fundador del imperio Xibalbá, que guió a los grupos premayenses que se establecieron en las tierras bajas de Tabasco, Campeche y Yucatán, y se llamaron así mismos Mayas o Mayenses. Dicen que cuando llegó a esas tierras, sacerdotes, guerreros, artífices de todas las profesiones formaban su séquito, por lo que pudo echar, con su ayuda, los cimientos de una gran civilización entre las primitivas tribus del sureste mexicano.

Debió recorrer toda la tierra para reconocerla; y habiendo notado que la faja que quedaba al norte de la cordillera peninsular era la más habitable, a causa de la abundancia de las lluvias, fundó en el centro de esa región una ciudad, que llamó Izamal; como dicha población quedaba además próxima al mar, la hizo capital de su imperio. Después de haber sojuzgado la tierra, estableció un culto manso y sencillo, que sólo fue alterado hasta la invasión de nuevas tribus, que adoraban a Kukulcan, la " Serpiente Emplumada ", que es la versión Maya de Dios Quetzalcóatl.

En la religión de Zamná, las ofrendas sólo consistían en flores y frutas, y la sangre humana estaba excluida de los sacrificios. La tradición o la leyenda dice que Zamná era, además de sacerdote y caudillo, un hombre de ciencia, que descubrió las verdades químicas de las plantas y fundó, en unión de Xchel y Citbolomtum, la escuela médica en la cual hicieron después su profesión los Hemenes o Hermolarios. Fue también el inventor del alfabeto y de todo los jeroglíficos que constituyen la escritura Maya, a la vez simbólica y alfabética, tan adelantada en América.

Pero la obra más prodigiosa que se atribuye a Zamná, es la de haber puesto nombre a todos los pueblos y regiones de la Península Yucateca; a los puertos, cabos, esteros, cenotes, lagunas, montes, bosques y llanuras. El mismo Zamná pretendía descender de los dioses y su origen divino era el fundamento más sólido de su poder. Así, su poder era total e ilimitado sobre todo los pueblos Mayas de esa época, en el extremo sureste mexicano. Sus súbditos le consultaban en sus asuntos domésticos y los pueblos, comarcanos le pedían consejo cuando alguna calamidad pública hacía peligrar su existencia; en fin, era el oráculo y el factotum de su tribu.

Sin embargo, después de un largo y venturoso reinado, un día Zamná murió como todos los mortales, y sus discípulos y vasallos no se contentaron con llorar su muerte, sino que celebraron su apoteosis y erigieron sobre su tumba uno de los Kúes o pirámides más gigantescos; y Zamnáse convirtió en Dios. Los dos templos que se le erigieron en Izamal, bajo los nombres de Itzamatul y Kabul, eran continuamente visitados por peregrinos de toda la península y regiones aún más lejanas.