SERVANDO TERESA DE MIER
[1765-18271]
Político e historiador

Nació el 18 de octubre de 1765 en Monterrey, Nuevo León, descendiente de una familia de rancio abolengo. Aunque sin vocación para el claustro, a los 16 años de edad tomó en la ciudad de México el hábito de Santo Domingo; estudió en el Colegio de Porta Coeli, recibió las órdenes menores y abrazó el sacerdocio. A los 27 años de edad se doctoró en teología y se hizo de fama como eminente Predicador. El 12 de diciembre de 1794 pronunció su célebre sermón sobre la Virgen de Guadalupe, delante del virrey, el arzobispo y la audiencia, con mala fortuna.

El arzobispo consideró osadas y hasta impías algunas aseveraciones del orador, respecto a la aparición de la Guadalupana, por lo que mandó encarcelar y procesar al padre Mier, condenándolo a 10 años de destierro en España, con reclusión en Caldas, cerca de Santander, con pérdida de la cátedra, el púlpito y el confesionario, así como el título de doctor. De allí se fugó Mier en 1795, y fue reaprendido, recluyéndosele en el convento de San Pablo, en Burgos, donde permaneció hasta fines de 1796. Por segunda vez se fugó de ese lugar y se refugió en Bayona, a donde arribó el viernes de Dolores de 1801, iniciando una vida aventurera.

Al día siguiente de su llegada a Bayona, sostuvo una disputa pública con los rabinos de la sinagoga. Se marchó a Burdeos y enseguida a París, donde abrió una academia para enseñar español; tradujo allí la A tala de Chateubriand y publicó una disertación, combatiendo a Volney, que le valió se le levantara el castigo y se le encomendara la parroquia de Santo Tomás. En 1802, sin embargo, abandonó los hábitos y consiguió secularizarse en Roma, donde recibió algunos honores del Papa. Pero al regresar a España fue reaprendido, a causa de una sátira que escribió en defensa de México, por cuya independencia ya empezaba a pensar.

En 1804 se evadió por tercera vez de su prisión; fue reaprendido y se fugó por cuarta vez, residiendo en Portugal tres años, donde fue nombrado por el Papa Pío VII su Prelado doméstico, en pago a que convirtió a dos rabinos judíos. Desencadenada la guerra entre España y Francia, en 1808, peleó en favor de España, como cura castrense; pero sabedor en 1810 del levantamiento de Hidalgo en México, pasó a Londres, Inglaterra, en donde escribió en la prensa en favor de la Independencia Mexicana. Allí conoció a Francisco Javier Mina, quien lo invitó a que lo acompañara, en su expedición de 1817; hizo el viaje a México, en la expedición de Mina.

A la caída de éste, en 1820, el padre Mier fue hecho prisionero y considerado como hombre peligroso, por lo que se le remitió de nuevo a España; pero otra vez logró fugarse, en La Habana, y pasó a los Estados Unidos, donde esperó hasta la consumación de la independencia. En 1822 volvió al país, pero fue inmediatamente encarcelado en San Juan de Ulúa por los españoles que allí hicieron su reducto. Los insurgentes lo sacaron haciéndolo formar parte del primer Congreso Constituyente. Al oponerse al imperio de Iturbide, de nuevo fue a prisión, hasta que la sublevación republicana del año de 1823 lo puso en libertad.

No obstante sus extraordinarias andanzas y aventuras, el padre Mier tuvo tiempo de escribir numerosas obras, entre ellas: Apología y relaciones de mi vida, también conocida como sus Memorias; numerosas cartas y discursos; una Historia de la revolución de Nueva España, que con el seudónimo de José Guerra escribió y publicó en Londres, en 1813, en dos volúmenes. Esta obra está escrita sin plan alguno, desmañada y confusa; pero es la primera que se publicó sobre tal asunto, siendo el padre Mier el primer historiador de la guerra de Independencia. Murió este inquieto y extraordinario hombre mexicano, el 3 de diciembre de 1827, después de haber recibido honores durante la primera República.