SANTIAGO FELIPE XICOTÉNCATL
[-1847]
Defensor de la patria

Nació en la ciudad de Tlaxcala, el primero de mayo de uno de los últimos años del siglo xviii, siendo descendiente de los famosos generales del mismo apellido indígena, que se opusieran al paso de Hernán Cortés por la primitiva Tlaxcala, cuando iba a conquistar a México. En 1815 causó alta en la compañía que su

padre mandaba, dentro del ejército insurgente, en el que combatió hasta la consumación de la Independencia, y solicitó entonces su baja. Volvió al ejército el 30 de septiembre de 1829, con el grado de teniente permanente; alcanzó todos los ascensos, hasta el grado de teniente coronel, conforme al escalafón de aquella época.

El 14 de noviembre de 1847, fue nombrado por decreto coronel, por haber muerto heroicamente en defensa de la patria. Este bravo soldado había sido incansable, en tal servicio, en diversos cuerpos de ejército y lugares de México: en la capital, Yucatán, Chiapas, Tabasco, Oaxaca, Veracruz, Puebla, San Luis Potosí, Jalisco, Tepic, Sinaloa, Sonora y finalmente en Chapultepec. Estuvo en muchos combates de importancia bajo la dirección de generales de valor temerario, así como con soldados a los que supo dirigir con acierto.

Con un reducido destacamento, defendió el puerto del Rosario, que era atacado por el rebelde general Urrea, siendo hecho prisionero cuando se encontraba herido; al sanar, se fugó de la cárcel y organizó una fuerza, para volver a combatir contra los sublevados de Urrea. Por encontrarse vacante la jefatura del Batallón de San Blas, en la Plaza de San Luis Potosí, se le expidió despacho de comandante, en junio de 1847, cuando el país estaba en guerra contra la invasión norteamericana. A poco de su nombramiento, emprendió la marcha para acuartelarse en Tlalnepantla, ayudando en los preparativos de la defensa de la ciudad de México.

El teniente coronel Xicoténcatl recibió órdenes de sus superiores, el 13 de septiembre del mismo año de 1847, durante la batalla que se libró ese día contra los invasores americanos, en Chapultepec y sus alrededores, de que con sus hombres auxiliara a los escasos defensores que se sostenían en el Castillo, para lo cual tendría que romper el cerco que los atacantes habían puesto al Alcázar. Xicoténcatl marchó decidido a cumplir con tal misión, que bien sabía era suicida, pues sus fuerzas eran escasas y el enemigo disponía de numerosas gentes, armas, pertrechos de guerra, vehículos y fortificaciones muy sólidas.

Más tarde, el general Nicolás Bravo rindió el parte oficial de tal acción de armas, haciendo en él mención del heroico comportamiento del Batallón de San Blas, y principalmente de su jefe, el teniente coronel Xicoténcatl, quien fue acribillado por 30 balas. Con los intestinos perforados, tuvo fuerza para llegar hasta donde había caído el abanderado de su batallón, recoger la bandera y salvarla, cubriéndola con su desgarrado chaquetín, para seguir luchando al frente de los pocos soldados que le quedaban y que pelearon hasta morir.

Seiscientos hombres, entre ellos su comandante, perdió en esa batalla gloriosa el heroico Batallón de San Blas, tratando de auxiliar a los soldados que estaban sitiados en el Castillo de Chapultepec, donde los Niños Héroes también morían en la heroica defensa del Alcázar. Xicoténcatl pereció envuelto en la bandera mexicana, desgarrada, llena de sangre y lodo; pero evitando que cayera en manos del enemigo. Esa gloriosa bandera se encuentra ahora en el Museo Nacional de Historia de México, que se admira en el Castillo de Chapultepec.