LEONA VICARIO
[1789-1842]
Heroína de la Independencia

Nació el 10 de abril de 1789 en la ciudad de México. Perdió a sus padres, siendo muy niña, y quedó al cuidado de su tío, el licenciado don Agustín Pomposo Fernández, a cuyo despacho entrara a practicar el estudiante de leyes, don Andrés Quintana Roo, para obtener su título de abogado. La joven se enamoró del pasante, que le pidió se casara con él, a lo cual aceptó; pero su tío no permitió su matrimonio con aquel joven que era de ideas revolucionarias, mientras que él era un recalcitrante realista. La joven tenía las mismas ideas de su novio, por lo que, cuando éste se unió a los insurgentes, después del rechazo de su boda, ella le enviaba noticias desde la capital a los campos donde operaba en guerra.

Ella fue quien dio la noticia en México de que los insurgentes acuñaban moneda propia, y gastó todo su patrimonio, aun sus joyas, para ayudar a los insurrectos, a quienes enviaba noticias que les servían, por medio de heraldos secretos, haciendo llegar a los conjurados dentro de la capital los informes que Quintana Roo le enviaba de regreso. En 1813 fue descubierta y denunciada como conspiradora, doña Leona Vicario, por lo que su tío la internó en el convento de Belén de Las Mochas, de donde la sacaron algunos correligionarios, disfrazada de negra y cabalgando sobre un asno que llevaba cueros de pulque, para evitar que fuese reconocida.

Así fue a refugiarse al mineral de Tlalpujahua, donde operaba el licenciado Ignacio López Rayón, a cuyo servicio se hallaba Quintana Roo; se casó con él, y lo siguió desde entonces en todas sus andanzas guerreras, andando a salto de mata y ocultándose en las cuevas de la montaña. En 1818 dio a luz a su primogénita, en el interior de una cueva, y fue entonces cuando su esposo pensó amnistiarse, para poder criar a su hija y educarla. Sabiendo que lo buscaban y habrían de encontrar la cueva donde vivían, Quintana Roo huyó, dejando a su esposa, para que fuese recogida, y con ella una carta que debería entregar para que el virrey le concediera indulto al propio Quintana Roo. El indulto le fue otorgado, y en ese mismo año pudo pasar a la ciudad de México, donde residió.

Consumada la Independencia, lturbide nombró a Quintana Roo subsecretario de Estado y del despacho de Relaciones Interiores y Exteriores, pero ante las ambiciones imperialistas de Iturbide, Quintana Roo se disgustó con él y huyó hacia Toluca, donde vivió con grandes privaciones. En 1823 solicitó doña Leona del Congreso Constituyente que le fueran devueltas las propiedades que el virreinato le había confiscado, cuando se fue a la insurgencia; el congreso accedió a ello, con lo que pudieron vivir con menos penurias. En 1830, cuando ocupó la presidencia don Anastasio Bustamante, Quintana Roo lo atacó también en sus periódicos.

El presidente lo mandó aprehender, y entonces Leona Vicario fue a pedir garantías a Bustamante, que había sido realista y la había perseguido, en 1813. Fue víctima doña Leona de las injurias de los bustamanistas, entre ellos el ministro de relaciones y escritor, don Lucas Alamán. Bustamante accedió a dejar en libertad a Quintana Roo, pero doña Leona no se quedó con las injurias recibidas, sino que con valentía publicó una carta en 1831, en la que públicamente reclamaba su conducta a Alamán y a los que la habían injuriado cuando vio al presidente. Desde entonces la dejaron en paz, "prudentemente".

Doña Leona se consagró entonces a intensas actividades intelectuales, al lado de su esposo, pues su cultura era vasta y sorprendente para una mujer de su época. Colaboró en los periódicos en que su esposo escribía, secundando las campañas políticas de éste, sufriendo enormes contrariedades por ello, según lo demuestran dos cartas ológrafas suyas, dirigidas al presidente don Valentín Canalizo, que se conservan en el Museo Nacional de Historia. Murió el 21 de agosto de 1842, a las 9 de la noche, en la ciudad de México, siendo sepultada en el panteón de Santa Paula.