IGNACIO M. ALTAMIRANO
[1834-1893]
Político y escritor

Nació el 12 de diciembre de 1834 en Tixtla, Guerrero; indio de raza pura, cuyos padres tomaron su apellido español de quien llevó a bautizar al niño. Éste, a los 14 años de edad, ignoraba aún el castellano, y vivía una vida primitiva en los bosques tropicales de su región. Pero su padre resultó electo alcalde de su pueblo, e Ignacio pudo entrar a la escuela, donde se distinguió en sus estudios. En 1849 fue a Toluca, e ingresó en el Instituto Literario, entre los jóvenes indios más estudiosos inscritos. Cursó materias de español, latín, francés y filosofía.

Resultó agraciado con el empleo de bibliotecario del Instituto, leyó infinidad de libros, alcanzando con ello una vasta cultura y su gran afición a las letras. En 1852 pasó a la ciudad de México, inscibiéndose en el Colegio de Letrán, de donde se lanzó a la revolución de 1854, y marchó hacia el Sur a combatir. De regreso a la ciudad de México, siguió los estudios y escribió para diversos periódicos. A finales del año 1857 estalló la guerra civil; en enero del siguiente, se adueñaron los conservadores de la capital. Altamirano se volvió escritor de combate y conspirador; al iniciarse la guerra de Reforma, salió a combatir en el sur del país, en las regiones que conocía.

Victoriosa la bandera reformista, resultó diputado al Congreso de la Unión, donde se distinguió como orador florido y de combate. Teniendo que dejar la ciudad de México, por la intervención francesa, otra vez tomó las armas peleando contra los invasores, y contra el imperio de Maximiliano, ya con el grado de coronel. Estuvo con las tropas que ocuparon Querétaro. Regresó con ellas a la capital, victorioso; entonces decidió dedicarse definitivamente a la literatura. Fundó en 1869 la magnífica revista El Renacimiento, para promover en México el de las letras, tras de tantas luchas y penurias. Trabajó con gran actividad en la prensa; fue maestro literario de las nuevas generaciones, tal como Ignacio Ramírez, otro indio de raza pura, lo había sido suyo; restableció el Liceo Hidalgo, que presidió. Fundó otras sociedades de cultura; se consagró a la cátedra y a la burocracia.

Desde 1867 había empezado a publicar sus Rimas, poesías anteriores a esa época; en 1869 publicó en El Renacimiento su novela Clemencia; En 1870 su cuento largo, Navidad en las Montañas, en folletín, y dos relatos novelescos breves: Las tres flores y Julia. En 1888 terminó de escribir su novela El Zarca, que es su mejor obra literaria póstuma, pues se publicó hasta 1901, des-pues de su muerte. Dejó truncas dos novelas más, muy buenas: Antonio y Beatriz y Atenea. Propició con su labor literaria, cultural y docente, el renacimiento de la literatura mexicana, formando la escuela que habría de conseguir más tarde los maravillosos frutos del modernismo.

En 1889 fue nombrado cónsul general en España, con residencia en Barcelona, y contra sus deseos tuvo que abandonar a la patria que tanto amaba; después de un tiempo de cumplir con su misión diplomática, se hizo cargo del consulado de París. Visitó Italia; una grave enfermedad le obligó a ir a buscar la salud en las playas de San Remo, donde murió, el 13 de febrero de 1893. Por disposición testamentaria, fue incinerado y sus cenizas conducidas a México, donde reposan.