BENITO JUÁREZ
[1806-1872]
Benemérito de las Américas

Nació el 21 de marzo de 1806, en San Pablo Guelatao, pueblecillo escondido en la sierra de Ixtlán, de Oaxaca. Fueron sus padres los campesinos zapotecas, muy humildes, Marcelino Juárez y Brígida García. Huérfano desde los tres años de edad, quedó al cuidado de su abuela y de su tío Bernardino, llegando a los doce años de edad sin saber leer ni escribir, e ignorando la lengua castellana. A esa edad, en 1818, dejó su pueblo natal y se fue a la ciudad de Oaxaca, en busca de fortuna, la que encontró al lado del Franciscano Antonio Salanueva, encuadernador de libros, quien le enseñó el oficio y trató de dedicarlo a la carrera eclesiástica.

Por tal motivo, apenas terminó la instrucción primaria, lo inscribió en el Seminario de Oaxaca, donde cursó latín, filosofía y teología; pero no teniendo vocación para el sacerdocio, Juárez se pasó al Instituto de Ciencias y Artes, apenas creado en 1826 por la legislatura local. En 1831, siendo todavía estudiante de derecho, fue nombrado regidor del ayuntamiento de Oaxaca, con lo que inició su carrera política. En 1834 fue elegido diputado al Congreso del Estado. Habiendo sido asesinado el general Vicente Guerrero, dentro del gobierno de Anastasio Bustamante, Juárez pidió que los restos del insurgente fueran velados en Oaxaca, por lo que fue reducido a prisión varios meses y desterrado a Tehuacán.

En 1841 regresó a Oaxaca, donde fue designado juez de lo Civil y de Hacienda; ocupaba tal puesto cuando contrajo matrimonio, en 1843, con Margarita Maza. Fue nombrado secretario general del gobierno del general Antonio León ocupando después la fiscalía del Tribunal Superior de Justicia. Derrocado el general Paredes de la presidencia de la República, en 1846, Juárez fue elegido diputado al Congreso de la Unión y al año siguiente gobernador constitucional de Oaxaca, puesto que desempeñó de noviembre de 1847 al 12 de agosto de 1852, reorganizando la hacienda, la administración de justicia y los cuerpos de la policía.

Terminado su mandato, pasó a ser director del Instituto de Ciencias y Artes, ejerciendo a la vez su profesión de abogado. Más tarde lo mandó aprehender López de Santa Anna, quien lo envió prisionero a las tinajas de San Juan de Ulúa de donde fue deportado a La Habana, Cuba, y a Nueva Orleans, Estados Unidos de Norteamérica. Allí conoció a Ocampo, Mata, Arriaga y a Montenegro; con esos desterrados planeó el regreso a la patria y la lucha que habrían de seguir, por la conquista del poder público. El primero de marzo de 1854 se proclamó el Plan de Ayutla, inspirado por Comonfort y encabezado, en la rebelión armada, por Juan Alvarez.

Juárez llegó a Acapulco y se incorporó a las fuerzas del general Alvarez, quien al hacerse cargo del Ejecutivo, lo designó ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos. En tal puesto empezó Juárez su campaña contra los privilegios del clero y del ejército, por lo que fue disuelto su ministerio, regresando al gobierno de Oaxaca. En 1856, Comonfort lo llamó para que ocupara la cartera de Gobernación, pero aquél fue derrocado por la revuelta del Plan de la Ciudadela, el 19 de noviembre de 1857, y abandonó la capital el 19 de enero de 1858. Juárez quedó automáticamente como presidente sustituto de la República. Empezó su largo periodo de presidente trashumante, de un sitio a otro del país, llevando consigo la representación del poder, que habría de retener durante siete periodos.

Desde julio de 1859, empezó a expedir las leyes de Reforma, mientras se sucedían en la presidencia los conservadores Zuloaga, Robles Pezuela, Salas, Miramón, Pavón y Maximiliano de Habsburgo. Al caer el imperio de éste, Juárez entró de nuevo a la capital del país, el 15 de julio de 1867, y fue reelegido presidente de la República, ocupando la silla presidencial por séptima vez. En 1872, por octava ocasión ocupó la Primera Magistratura, del primero de diciembre de ese año, al 18 de julio de 1872, fecha en que muriera, en la ciudad de México, víctima de una enfermedad. El Congreso lo declaró Benemérito de la Patria y de las Américas.