El Caguamo


Heraclio Zepeda

El Caguamo recrea el ambiente rural de los pueblos Indígenas chiapanecos. Es la narración de un drama, producto de la fatalidad, en el cual el personaje nada puede hacer para escapar de un pasado que no le compete. Los colores de la naturaleza se convierten en presagios de la desgracia en que culmina la historia de un amor malogrado. El lenguaje. los paisajes y la vida que describe Eraclio Zepeda ubican la acción con toda claridad en Chiapas y en un periodo en el cual los que se fueron "a la bola" ya están muriendo de ancianos. El Caguamo es un cuento emocionante y triste.
Eraclio Zepeda nació en Tuxtla Gutiérrez. Chiapas en 1937. Su libro. Asalto nocturno, le mereció el Premio Nacional de Cuento en 1974; antes había publicado Benzulal (1969), otro libro de cuentos en los que recoge el sentir del pueblo indio, sus amores y sus miedos, en un mundo en el que el paisaje y la magia se confunden. Ha publicado también poesía Asela (1962). Compañía de combate (1964). y participó en los volúmenes colectivos La espiga amotinada (1960) y ocupación de de la palabra (1965).
El Caguamo
-El Primitivo es un mal hombre -decían en el pueblo las viejas y los arrieros.
Había tenido que irse de Jitotol desde aquella noche en que mató a su mujer, la Eugenia. Desde entonces fue que ya no pudo quedarse más. Por eso prendió fuego a su casa y rompió todas sus pertenencias.
Eugenia Martínez se llamaba la Eugenia. Era bonita y fuerte. Hasta la cintura le llegaban sus largas trenzas negras. Primitivo, desde que la vio, sólo en ella estaba pensando. No descansó hasta no verla trepada en la manzana de su montura, pasando a galope los últimos jacales del pueblo. Aquella noche empezó la desgracia del Primitivo.
Primitivo Barragán la vio por primera vez una tarde en que regresaba de la milpa. Estaba la Eugenia lavando ropa en las piedras del río; aquellas piedrotas que parecían grandes tortugas blancas.
-Hasta que jallé al venao -se dijo Primitivo.
Quiso hablarle allí mismo. Que desde ese momento supiera por qué a Primitivo Barragán le decían el Caguamo. Quiso llevársela de una vez para su casa.
La vio largamente. Sus pechos desnudos, fuertes como naranjas. Sus brazos, hechos para el trabajo y la caricia. Sus gruesas piernas bajo la falda mojada. Así la estuvo viendo hasta que se decidió a hablarle…