Coyoacán en tiempos de Cortés

Salvador Novo

Con una elegante prosa llena de curiosas anécdotas y teñida de humorismo, Salvador Novo reconstruye, basándose en diversos documentos históricos, el transcurrir del pueblo de Coyoacán, ahora delegación política del D.F., durante la estancia de Hernán Cortés en este sitio y a partir del momento en que el conquistador lo convierte en su cuartel general, una vez ordenada la destrucción de Tenochtitlan.
El presente texto forma parte de la Breve historia de Coyoacán (Era, 1962), donde Novo da cuenta de los detalles más singulares de la historia particular del lugar desde sus míticos orígenes, tan enigmáticos, por otra parte, como los hechos que rodearon la construcción de la pirámide de Cuicuilco, hasta los más conocidos pormenores de su historia reciente. Novo rendía así homenaje a un lugar que sin duda gozó de su preferencia, pues no otra cosa indica el hecho de que, al igual que Cortés, lo haya elegido como lugar de residencia durante buena parte de su vida. A su muerte, como sucedió también con otros coyoacanenses distinguidos, Coyoacán correspondió al homenaje dándole a una de sus calles el nombre de tan famoso como polémico habitante.
Salvador Nov.o nació y murió en la ciudad de México (19041974). Realizó sus primeros estudios en las ciudades de Chihuahua y Torreón, lugares en los que le tocó vivir la tormenta revolucionaria, y los universitarios en la capital de la República. En 1925 se integra al equipo de Vasconcelos y participa en la preparación de las admirables Lecturas clásicas para niños. De 1927 a 1928 dirige la revista Ulises junto con Xavier Villaurrutia. Al fundarse el Instituto Nacional de Bellas Artes se le nombró jefe del departamento de teatro (1946-1952). Fue
miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1952. Poeta, ensayista, cronista, dramaturgo y periodista, entre sus obras destacan: Nuevo amor (1933), Espejo (1933), El joven (1933), Continente vacío (1934), Nueva grandeza mexicana (1946), Poesla (1961) y La guerra de las gordas (1963).

Y a las diez del día llegamos a la ciudad de Cuyoacán, que está de Suchimilco dos leguas, y de las ciudades de Temixtitán, y Culuacán, y Uchilubuzco. e Ixtapalapa y Cuitaguaca y Mizqueque, que todas están en el agua, la más lejos de éstas está una legua y media, y hallámosla despoblada, y aposentámonos en la casa del señor, y aquí estuvimos el día que llegamos, y otro.
Cortés, Cartas de Relación, III
En cierto doloroso sentido, puede decirse que la historia de Coyoacán empieza cuando acaba la de Tenochtitlan. O sea que, Coyoacán comienza a ser noticia de primera plana desde que Cortés la elige por residencia y cuartel general mientras (en inauguración precursora de una perdurable rutina) hace furiosamente destruir a México para el cuerdo objeto de hacerla furiosamente reconstruir. Entre una y otra acciones, pasan buenos dos años -1521 a 1523- mismos que el laborioso capitán emplea en solazarse en lo que considera su villa.
(La cosa estuvo así: cuando, después de la retirada estratégica de la Noche Triste, rehízo sus fuerzas con el auxilio tlaxcalteca y decidió sitiar a México, le echó el ojo a Coyoacán como sitio muy conveniente, frontero a la laguna, donde acampar y desde el cual lanzar el ataque marítimo de las "casas flotantes" con que embestiría a los menguados, aunque numerosos, acalli de los tenochca. Y encargó a Cristóbal de Olid -aquel mismo que después lo traiciona…