Así nació la División del Norte

Gildardo Magaña

La destacada participación de Pancho Villa en los combates contra la dictadura de Porfirio Díaz hubiese bastado para que la historia consignara su lealtad a los pobres del campo y el genio militar con que supo servirlos. Pero la restauración de la dictadura en la persona de Victoriano Huerta obligó al Centauro del Norte a rendir nuevos testimonios de su firmeza en el campo de batalla. Villa realizó una de las hazañas militares más grandes de la Revolución: formar, empezando con un reducido grupo de guerrilleros perseguidos, un ejército de miles de campesinos.
La narración que da título a este volumen relata las dificultades militares y las privaciones que afrontó en su nacimiento la División del Norte. Resalta en ella la figura de Francisco Villa impartiendo justicia, uniendo a los trabajadores del campo y estimulando el valor de quienes lo siguieron como jefe.
Crónica redactada desde las filas del Ejército Libertador del Sur, Así nació la División del Norte es un homenaje a ésta del pueblo suriano, que nos muestra con sencillez lo que opinan los campesinos de México, nos recuerda contra qué se levantaron y nos enseña -en parte- cómo lograron conmover a la nación, a pesar de su final derrota.
Así nació la División del Norte está tomada de la obra reconocida como la memoria auténtica de la revolución suriana: Emiliano Zapata y el agrarismo en México, magna empresa iniciada por el general Gildardo Magaña (1880-1939), uno de los jefes más admirados por las milicias zapatistas, a las cuales reorganizó y dirigió, llenando el vacío producido por el asesinato de Emiliano Zapata.
Los primeros nueve hombres
Nueve individuos formaron el grupo inicial de la que más tarde fue poderosa División del Norte: Francisco Villa, Juan Dosal, Pedro Zapiáin, Darío Silva, Pascual Álvarez Tostado, Manuel Ochoa, Tomás Morales, Miguel Saavedra y Carlos Jáuregui. Este había proporcionado a Villa los medios para evadirse de la prisión militar de Santiago y permanecía a su lado con absoluta lealtad.
Nadie poseía recursos pecuniarios, y para iniciar sus caminatas, que todos presentían largas y difíciles, solamente Silva, Zapiáin y Jáuregui estaban montados en caballos de los que se habían apoderado en El Paso, Texas.
Iban a emprender la primera jornada e hicieron, por ello, la exhibición de los elementos que llevaban consigo: medio kilo de café, uno de azúcar, una pequeña bolsa con sal, sendos rifles 30-30 y una dotación de quinientos tiros por plaza; pero no fue posible reunir un peso entre todos, y para desesperación de los fumadores, no llevaban cigarros ni cerillas.
Era tan insignificante el grupo que ni siquiera llamó la atención de una patrulla de rurales que pasó cerca, precisamente en los momentos en que se estaba haciendo la exhibición de los elementos.
Emprendieron la marcha. A las doce de la noche llegaron al rancho de Flores, cerca de La Mesa, y allí se detuvieron para no causar sorpresa a los habitan…