Porfirismo

Porfirio Díaz, Presidente

 

Se había cubierto de gloria frente a los invasores franceses. Empañó sus laureles, al promover los principales desórdenes de los ocho primeros años de paz, sin más motivo que su ambición personal. El Lic. José María Iglesias, Presidente de la Suprema Corte, proclamó su derecho a la Presidencia de la República, en virtud de la incompetencia de origen del gobierno de Lerdo de Tejada, producida por fraude electoral. Este era un acto de intriga política, pero una solución más legal que un simple cuartelazo. Porfirio Díaz, gracias a la oportuna llegada del general Manuel González, obtuvo la victoria de Tecoac, que le abrió las puertas de México, donde se proclamó presidente el 26 de noviembre de 1876.

 

Errores del porfirismo

 

El primer periodo presidencial de Díaz, iniciado en 1876, se caracterizó por su excelente gobierno. Tuvo la cautela de no hacerse reelegir. Siguió siendo el gobernante efectivo a través del general Manuel González, que fue designado presidente en 1880. En 1884 volvió al poder, legalmente elegido. Después se reeligió repetidamente en 1888, 1892, 1896, 1900, 1904 y 1908, hasta convertirse en un dictador. Extremo la idea del orden hasta caer en el abuso del poder. Aniquiló la conciencia política del pueblo. Descuidó los intereses de los trabajadores. Puso en manos del capital extranjero las fuentes vitales de nuestra economía. Se rodeó de una camarilla orgullosa y despótica. Convirtió la ley en letra muerta y traicionó lo que había defendido.

 

Aciertos del porfirismo

 

Mantuvo la soberanía de México frente a intentos de intromisión de los Estados Unidos. Restableció las relaciones de México con todos los países. Reprimió rápida y radicalmente las rebeliones militares. Acabó con los caciques provinciales, desarmó a las poblaciones de las serranías y corto de raíz el bandolerismo. Gozaba de una popularidad a toda prueba que le permitió dominar al país treinta años. La causa de su dictadura fue que consideró que no había obra más patriótica que poner remedio al medio siglo de intrigas, revueltas, desórdenes y guerras desastrosas. Su lema era "poca política y mucha administración". Creó numerosas fuentes de trabajo. Fomentó la honradez. Dio personalmente ejemplo de honestidad. Empleo a los hombres de acuerdo con sus aptitudes y les enseñó a no salirse de su lugar. Proporcionó al país paz y prosperidad desconocidas.