Sus mercados

Sus mercados tienen un especial encanto y un hondo significado que han descubierto y descifrado muchos de los viajeros extranjeros. Para Pablo Neruda, Antonín Artaud y Anderé Marlaux, para sólo mencionar tres hombres universales, son: "el espacio de la vida" el "lugar del encuentro", el sitio para "ser" los "museos efímeros y maravillosos".

Se da como tianguis en días fijos que se llenan con el aroma del estreno, la ropa nueva que se hace para disfrutar en esos espacios mágicos. Despliegue de riqueza artesanal, incitación gastronómica, sitio mágico al que llegan los inventos tecnológicos y los turistas nacionales y extranjeros. Donde pueden comprarse las galas culinarias hechas por hacendosas mujeres desde las tortillas más caras, vendidas por docena cuando son a mano, o los tlacoyos, esa perfección que surge cuando el relleno es de haba, de fríjol, de garbanzo, de chicharrón o de requesón.

Ahí también se encuentran las comidas preparadas, según el área de que se trate: barbacoas, pipianes, nopales servidos en frío o navegantes, los que nadan en el caldillo de jitomate y tropiezan con los camarones secos. Y los tamales de cualquiera de las trescientas ochenta variantes que he detectado dentro de este género clásico.

No podemos olvidarnos de los hongos, en cuyo cocimiento hay que ser experto, son de una gran belleza. Sólo comparables con la rutilancia de la fruta cuyos colores, olores, texturas incitan y sugieren.