Nieves, helados y paletas

Género clásico de golosinas refrescantes son las nieves y helados nativos, que los hay excelentes en muchas partes de la República, y su fama cruza límites nacionales. Pienso en la nieve de pasta de Pátzcuaro, la de Obo de Chiapas, las de Aguacate y Jícama de Cuernavaca; las de Arrayán de Guadalajara, la de Nanche de Chiapas, la de Tuna de Pachuca, la de Pitaya de Yecapixtla, la de Ciruela pasa de La Paz, la de Coco de Acapulco y tantas más, que junto con las tradicionales de fresa, nuez, vainilla, pistache, chocolate, cajeta, café, etcétera, se pueden disfrutar en las ferias de la nieve que se celebran anualmente en la región de Tláhuac y que cada año presentan sorpresivas y agradables innovaciones como las nieves de chicharrón y de mole.

Hay una cierta confusión entre nieve y helado: la nieve se elabora con agua y el helado con leche. Dentro del mismo género se integran las paletas heladas cuya forma ha sufrido diversas transformaciones. Aunque cada vez más raros, existen los “canutos” que se vuelven paletas al clavarles el clásico palito de madera, y suelen ser de una fina preparación de mantecado. Casi como moda, y por lo tanto se extinguieron como surgieron, “las veladoras”: paletas de mantecado con forma de veladora.

Dentro de este mercado de golosinas refrescantes, de unos años a la fecha se ha resentido la presencia de empresas extranjeras que participan con helados y paletas con envolturas y presentaciones muy vistosas y sofisticadas, apoyadas en una gran publicidad, pero, la tradición sigue ganando, ya que no se logró que desapareciera el gusto nativo por los helados, nieves y paletas tradicionales mexicanos, por lo menos en este caso se ha ganado.