Las Flores de México

El jardín de Huaxtepec medía seis millas de extensión y lo atravesaba un río; ejemplares de plantas y flores de las más remotas regiones del Imperio Mexicano se aclimataban en él, en verdaderos invernaderos, aún antes de que en Europa se conocieran estos. El primer jardín botánico de Europa apareció en Italia, en el siglo XVI; pero en México se había creado el primero conocido desde el siglo XV, en Chapultepec y durante el gobierno de Izcóatl (1428 - 1440) Algunos de los sabinos o ahuehuetes que él mando plantar allí se conservan perfectamente bien, después de 600 años de haber sido sembrados, y han visto toda la historia mexicana.

El jardín de plantas de París fue creado por Janet hacia 1576; pero en México, desde 1428, año en que fuera restituido como rey de Texcoco el gran Netzahualcóyotl, mando crear los hermosos jardines colgantes, que en parte describimos antes, y que han sido universalmente comparados con los de Babilonia.

Al crear todos esos jardines indígenas, y otros más, muy hermosos, que encontraron los españoles a su llegada a América, contribuyó seguramente el amor que los indígenas tenían por las flores, el cual había constituido un culto religioso.

En antiguos códices y ejemplares de la alfarería popular, la flor era un motivo constante, que habría entrelazado sus corolas a lo largo del tiempo, en mil y un motivos decorativos. Los indios mexicanos profesaban una filosofía de la naturaleza y tenían un gran sentido del ornato, en tal forma que aún hoy, en su degradación actual, los indígenas de Xochimilco adornan con flores sus trajineras o canoas, dándoles nombres de mujeres, que tejen con flores en los toldos; y los de todas las regiones del país usan las flores coloridas en sus lacas y bateas, en sus cuadros de popotes y plumas, en su loza vidriada y en sus telas.

En el antiguo México, a los príncipes y a los embajadores extranjeros se les recibía con flores; y los nobles tenían el privilegio de aparecer en público llevando flores. Nadie podía ser admitido a la presencia del monarca si no llevaba un ramo de flores, que luego le entregaba. Había flores que daban distinción a quien la llevaba, y solamente los nobles podían usar algunas especies, entre ellas la cacaxóchitl o flor del Cuervo; la tizaxóchitl, y la deliciosa Magnolia, llamada yoloxóchitl, flor del corazón o del árbol de manitas, de la que hablamos ya, y cuyo penetrante aroma bastaba para perfumar una casa indígena.

Al empezar la conquista y evangelización de los indios, los misioneros se dieron cuenta del amor fervoroso que los naturales tenían para las flores. Algunos de ellos observaba que si la primera vez que maduraba una fruta en Europa venía a ser una fiesta, la de la vendimia o las cosechas, cuando en México florecían las plantas era también motivo de festividad, " porque hay una íntima relación entre la difusión del culto por la Virgen y la propagación de las plantas y simientes florales, en México y en Hispanoamérica ". Cuando las rosas fueron conocidas en México, la primera rosa de toda región era para la Virgen, y aún la siguiente de toda planta, antes de entregarla al seno de la tierra, solía llevársela al ara del altar, para hacer sobre ella el sacrificio incruento.

Así se hizo, según el historiador Bernabé Cobo, con la planta de la rosa de Castilla en el Perú. " Y, enternece -escribe don Victoriano Salado Álvarez-, lo que da como remate de la historia el padre Cobo. Nacidos los rosales y cuando estuvieron en flor, se ofreció a la Virgen la primera rosa que nació en el Perú, en una bella ceremonia que el arzobispo de Lima, fray Jerónimo de Loaiza, en presencia de gran concurso, puso la flor, de seguro pequeña y endeble, en una mano de la escultura de la " Sin Mancilla ". En México, el culto por las flores, era aún mayor.

Fray Jordán de Piamonte fue quien trajo desde Europa, al convento de Santo Domingo de Oaxaca, la Azucena, la Albahaca y la Rosa de Alejandría. Las trajo a su inmediato cuidado, dedicándose durante la travesía por el mar, con gran ternura, al cuidado de las plantas, este discípulo y compañero de Fray Bartolomé de las Casas que tenía, no obstante esa ternura para las flores, gestos de León rugiente ante los tiranos.

 

 

 

 

 

 

La Dalia, Flor Nacional

Flores Mexicanas

El Nardo

Flor de la Luna

La Cempoalxóchitl

La Flor de Nochebuena

Las Nasturcias

Millares de Orquídeas

Plantas enanas