La Cempoalxóchitl

La flor que con mayor profusión es llevada a las tumbas de los cementerios mexicanos, el 2 de noviembre de cada año, dedicado por la Iglesia Católica a recordar a los fieles difuntos, es la llamada Cempoalxótil, cuyo nombre indígena generalmente pronuncia la gente cempasúchil. Otros nombres que se le han dado a esa flor en diversas regiones de México, entre ellos los de "anisillo" y "periquillo", en el valle de México; " flor de tierra adentro "flor de Santamaría ", "hierba de Santa María " y "curucumin", en Michoacán; " hierba anís ", "pericón" y " falso pericón ", en San Luis Potosí, etcétera. Pero como cempoalxóchitl o " flor de veinte hojas ", fue conocida por los antiguos mexicanos, quienes la consideraron medicinal.

Desde la llegada de los españoles, la flor de cempoalxóchitl llamó la atención de botánicos y sabios, habiéndola estudiado el doctor Francisco Hernández, Mociño y Sessé, así como De Cándolle. Desde el siglo XVI fue llevada a Italia, donde se le cultivó con esmero, encontrándose allí que sus raíces tienen propiedades purgantes, vermífugas y tóxicas. La planta fue catalogada entre la familia de las compuestas, perteneciente al género tagetes, del cual se conocen varias especies; la más común la tajetes signata pumilla, y otra más, que los franceses llaman " Legión de honor ", de flores simples, de color amarillo con oro, manchado de púrpura, aterciopelada, y que son las que con mayor profusión adornan los jardines y se ven en las tumbas mexicanas.

El doctor Francisco Hernández, médico de Su Majestad el rey Felipe II de España, a quien nos referimos con anterioridad, habla del cempoalxóchitl en los siguientes términos: " del cempoalxóchitl o flores de veinte hojas, encontré siete principales variedades de la planta que da la flor llamada por los mexicanos "cempoalxóchitl", a causa de la gran multitud de sus hojas, que los españoles llaman "girofle de Indias ", y que los antiguos llamaron, según dicen algunos " otoña y flor de Júpiter ", aunque hay en esta nueva España otras variedades distintas por la flor, por el nombre y por el tamaño. Tienen todas hojas como de tanaceto, flores amarillo-rojizas, con encarnado, de temperamento caliente y seco en tercer grado, sabor acre, partes sutiles y olor algo fuerte... "

Según el ingeniero Julio Riquelme Inda, el periquillo o cempoalxóchitl vegeta en muchos lugares de los estados de Chihuahua, Coahuila, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Hidalgo, Veracruz, Sinaloa, Michoacán, Oaxaca y en el Valle de México. Crece enteramente silvestre, pues no es objeto de cultivo alguno y las variaciones en color de las flores se deben a que a veces crecen en lugares de tierra cultivada, junto con otras plantas, y a veces en lugares pobres. Sin embargo, puede cultivarse, lográndose su propagación por medio de semillas. Resiste los climas fríos moderados y crece en cualquier naturaleza de terreno, alcanzando mejor desarrollo en los arcillo arenosos.

Una leyenda tlaxcalteca cuenta que la princesa Tecuelhuatzín, hermosa hija del viejo cacique Xicoténcatl, cultivaba en sus jardines de Tizatlan, en la República de Taxcallan, toda clase de flores; pero las que más apreciaba eran esas amarillas rojizas llamadas cempoalxóchitl, porque tenían los cambiantes colores del sol del mediodía al atardecer, y por qué era una predilecta ofrenda en las tumbas de los desaparecidos.

Cuando los españoles llegaron a Tlaxcala, el hermano de Tecuelhuatzín, el general Xicoténcatl Axayacatzin o El Joven, midió sus armas con los forasteros, pero fue derrotado; y entonces la República indígena tuvo que pactar con Hernán Cortés, ofreciéndole sus ejércitos para ir a tomar Tenochtitlán. La princesa, según la costumbre india, fue entregada a Cortés como un presente, y éste la regaló al capitán Pedro de Alvarado.

Tecuelhuatzín fue bautizada con el nombre de María Luisa Xicoténcatl y se desposo a la usanza india con Alvarado, a quien los indios llamaban, por ser muy rubio de color, Tonatiúh o El Sol. La princesa lo amó mucho, porque vio en él la representación humana de sus flores.