La Noche Buena

Uno de los regalos más poéticos que México ha dado al mundo es, sin duda, la flor de Nochebuena, la cuetlaxóchitl de los aztecas, que se cultivó esmeradamente en los jardines de aclimatación de Netzahualcóyotl y de Moctezuma, pues era planta de tierra caliente. Es la euphorbia pulcherrima de los botánicos, arbusto de hojas grandes, ovales, pálidas por la parte inferior; la inflorecencia está adornada de bracteas de un hermosísimo color rojo encendido, por lo que su extraordinaria belleza y su alto valor decorativo han valido a la Flor de Nochebuena su gran popularidad y es el símbolo de la Navidad en los Estados Unidos de América.

Parece ser que la cuetlaxóchitl de los aztecas es originaría de Tasco, donde existió un lugar llamado Cuetlaxochitlán; allí fue donde los franciscanos, llegados de España, tuvieron la idea de adornar un Santo Pesebre, por los días cercanos a la Navidad del Señor, con las hermosas y grandes flores rojas, porque la flor era para los indios símbolo de pureza, y su nombre quiere decir " flor que se marchita " perecedera flor como lo es la de la pureza. De tal origen de la Flor de Nochebuena y de su empleo en los nacimientos franciscanos nos habla Fernando Ruiz de Alarcón, vecino de Tasco, y hermano del que fuera uno de los grandes dramaturgos del siglo de oro español, don Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza.

El botánico Don Juan Balme, quien describió la hermosa flor, dijo que abundaba en los lomeríos de Tasco, y en las colinas del Valle de Cuernavaca. La flor es diminuta, como la de la bugambilia, pero está rodeada por brácteas que parecen escudos o rodelas para protegerla; las grandes hojas verdes se van volviendo rojas, hasta parecer de sangre, y de ellas obtenían los indígenas, por molienda, cocimiento y filtración, un colorante de tonos encendidos, que teñía de púrpura y amaranto las fibras del algodón. Del zumo acuoso de la planta, parecida a la leche, sacaban sustancias curativas para la fiebre en preparados hábilmente concebidos.

Al iniciarse la vida independiente mexicana, en el siglo XIX, llegó a México como ministro de los Estados Unidos de América, el señor Joel Roberto Poinsett (1779-1851) quien en algunas cosas habría de ser funesto para las relaciones entre el vecino país del norte y el nuestro; pero en otros aspectos amó a México, y lo dio a conocer en su país. Fue Poinsett quien, habiendo ido a Tasco, vio en la iglesia de Santa Prisca un nacimiento franciscano, adornado profusamente por unas extrañas grandes flores rojas que le daban un suntuoso aspecto, y enamorado de esa flor, que se llamaba ya de Nochebuena, la envió a su país.

Mando el embajador estadounidense algunas flores y plantas de la cuetlaxóchitl indígena a su casa de Charlestonville en South Carolina, para que adornasen con ellas la mansión y la iglesia, por Navidad: y cuando terminó su misión diplomática en México y regresó a su patria se admiró de ver que en todo los jardines de su pueblo crecían los arbustos de la Flor de Nochebuena, que había sido aclimatada ya, con las plantas que él enviara. Entonces pensó difundir tan hermosa planta por todo el sur de los Estados Unidos, y dedicó sus últimos años a esta tarea, logrando hacer de la flor mexicana el símbolo de la Navidad en el mundo, y ganando con ello una regular fortuna: La Flor de Pascua le fue pródiga.

Por haber sido Poinsett quien difundió por el mundo la flor mexicana, ésta fue llamada también poinsettia pulchérrima, y comúnmente en los Estados Unidos se le conoce como Poinsettia o Christmas flower, representando su mercado en ese país, anualmente, un movimiento de más de 200 millones de dólares en el año de 1965. La flor mexicana adorna por Navidad todos los hogares estadounidenses; se imprime como motivo decorativo en las tarjetas navideñas; se le reproduce en diversos géneros para ornato y con ella se adornan profusamente la Casa Blanca y los edificios gubernamentales. Poinsett visitó a Tasco en 1823, y desde entonces la flor mexicana salió de su ámbito regional, para invadir el mundo entero.