Los Cohetes

No son los cohetes, en general, invento mexicano; pero difícilmente ha habido en la historia otro país, fuera de China, que haya celebrado sus acontecimientos históricos con mayor profusión de cohetes. Algunos coheteros inventaron vistosos efectos para las atronadoras ferias pueblerinas. Toda celebración se ha hecho en México, sobre todo en tiempos pasados, con el acompañamiento de cohetes y cohetones, estos sí auténticamente mexicanos. Porque los delicados cohetes chinos, verdaderos triquitraques miniados, en México fueron proseguidos por los ruidosos cohetones, verdaderas bombas caseras que levantan el espíritu bélico del mexicano.

 

Cuenta la leyenda que Fernando VII de España preguntaba una vez a un cortesano, que llegaba de México: " y ahora, ¿Qué estarán haciendo los mexicanos?". Y el cortesano respondió en el acto: " seguramente estarán quemando cohetes, Majestad ". Y como repitiera el Monarca esa misma pregunta por la noche, el interpelado contestó otra vez, para asombro del Rey: " seguirán quemando cohetes los mexicanos, Majestad ". " lo mismo me dijo usted por la mañana ", reclamó el Monarca, a lo que contestó el cortesano: " Los mexicanos siempre están quemando cohetes, Majestad, en una fiesta o en otra ".

 

Los cohetes se hallan profundamente unidos a la vida patriótica, religiosa, social, económica, y aún política, de los mexicanos. Los indios mexicanos no conocían la pólvora; pero hacían también mucho ruido en sus celebraciones, con sus tambores, cascabeles, gritos y guerras, por lo que inmediatamente adoptaron como propia la pólvora, al conocerla por los españoles. El primer azufre para hacerla, lo consiguieron Diego de Ordaz y Francisco Montaño, del cráter del Popocatépetl, en el año 1520. Un año después del desembarco de Cortés en tierras mexicanas. Luego se conectó directamente la Nueva España con la patria del cohete, la milenaria China, y del oriente llegaron, elaborados, productos de pólvora, como los triquitraques que inventó Li Tien en el Siglo XI, bajo la Dinastía Sung, para espantar a los malos espíritus.

Y de la imitación nació la invención, y los mexicanos forjaron sus propios cohetes, indudablemente más ruidosos que los chinos. Así el cohetón de vara que sube al cielo y estalla clamorosamente en una lluvia de luces multicolores; la cámara o verdadera bomba casera; la chinampa y la chinampina; el buscapies y el tronador; la paloma y el saltapericos; y en la pirotecnia, de la que los mexicanos hicieron más que un arte, casi una ciencia, los rehiletes, los escupidores, las velas romanas, los castillos, los cipreses de luces, las bengalas nuestras, la gigantona, la carrera, los toros cohetes y los mismos judas, marionetas de fuego que caricaturizan a las gentes de moda, rodeadas de cohetes tronadores y de luces.