Las ferias

Para la celebración de muchas festividades profanas y religiosas, los mexicanos organizan ferias, que son exposiciones de mercaderías, reuniones populares, juegos mecánicos y de azar, y diversiones variadas, sin faltar la venta de los tradicionales antojitos mexicanos, o sean los platillos de la cocina vernácula, acompañados de las bebidas populares, y los cohetes y los fuegos de artificio. Tanto significan en los días de fiesta las ferias, que en México se les llaman días feriados y feria se llama a la pequeña moneda circulante. Las ferias no son, de ninguna manera, de origen mexicano; pero los mexicanos han hecho de sus ferias algo muy propio, colorido y exclusivo, como luego veremos.

En todo el mundo, cuando regresaban los ejércitos en guerra, con los motines recogidos al enemigo, exponían parte de esas riquezas para venderlas al público. Y en épocas de paz, los mercaderes ambulantes llegan en días señalados de antemano a los pueblos, " haciendo plaza ", es decir, levantando en las plazas públicas, que marcaban el centro urbano, sus tiendas y puestos para exhibir y vender sus mercaderías. A esos lugares de mercado concurrían también saltimbanquis, cirqueros, magos y gentes que se ganan la vida cantando, bailando, narrando historias y leyendas y haciendo toda clase de " suertes ". Con ello, los sitios de mercado se convirtieron en ferias o lugares de esparcimiento y convivencia.

En América, los indígenas tenían también sus mercados establecidos, donde vendían las cosas propias y las importadas, y a los que acudían agoreros, músicos, cancionistas y atletas que daban exhibiciones de sus facultades.

Y una vez conquistado el continente por los españoles, las ferias se organizaron a la manera europea, sin desechar los elementos indígenas. Las primeras grandes ferias de América fueron las que se celebraron en el puerto de Acapulco, que reunían a mercaderes, arrieros, agentes de compras y vendedores que llegaban al lugar a esperar a la Nao de China, procedente de las Filipinas, que traían a la Nueva España las mercaderías del Oriente, para venderla o cambiarlas por las europeas y americanas. Se recibían joyas, telas, objetos de arte, especias y otros productos de China, India y Filipinas, y se recogían el oro, la plata, los tintes, las curiosidades mexicanas y algunos artículos de Europa.

Acapulco abrió la primera ruta directa entre América y Asia, conectando a la primera ruta entre Europa y América, que abrió Veracruz, y así se realizó el primer comercio entre Europa y Asia. Pero en España, los comerciantes de Cádiz y Sevilla no estuvieron de acuerdo en que se fomentará el comercio directo entre los mexicanos y otros pueblos de América y Asia, y lograron restringir tan pujante mercado, mediante leyes dictadas en 1591. A tales intentos de acabar con el mercado de Acapulco con las Filipinas, se opuso abiertamente el poderoso virrey del Perú, conde de Montesclaros, quien recibía por Acapulco mercaderías orientales y las recogía en barcos propios enviando a su vez otros productos.

Ese comercio duró todo el siglo XVIII. Arribó a las playas mexicanas del pacífico el último galeón español, procedente de Manila, en 1811, y sus mercancías fueron incautadas por Morelos durante la guerra de Independencia. La feria de Acapulco revistió carácter internacional, ya que venían a ella gentes de toda la América hispana, de España y de otros países europeos. El barón de Humbolt llegó a considerarla, en sus crónicas, como " la más renombrada del mundo ". A la llegada de la Nao de China al puerto de Acapulco, la esperaba un enorme y abigarrada multitud, procedente de veinte lugares distintos del mundo. Se hablaban allí varias lenguas y dialectos; la multitud abarrotaba mesones y hospederías e improvisada refugios, en muchos kilómetros a la redonda, cerca del puerto. La ciudad, que de ordinario tenía 4 mil habitantes, llegaba entonces a contener hasta 15 mil y se mezclaban los marinos, los mercaderes, los arrieros con sus recuas y los aventureros de toda laya, los cirqueros, tahúres, coheteros, peregrinos, indios y toda gente de feria y fiesta, que en eso se convertía la ocasión.