En el Mundo Cantineril

 

La cantina se fue perfilando en su ambiente propio después de la segunda mitad del siglo XIX. En los siglos anteriores, si bien es cierto que se vendían licores y los parroquianos, inmersos en conversaciones pasajeras, bebían vinos, también es cierto que tabernas, vinaterías o tendejones hicieron las funciones de lo que más tarde haría la cantina.

El recinto " cantina " es un espacio donde se hace presente la determinación o indeterminación existencial, de una situación social.

En las cantinas que he visitado, y que no son numerosas, los objetos que primero se me presentaron a la vista fueron: la barra, las mesas, las sillas, la cocina y los baños, y por supuesto el cantinero, los meseros y los parroquianos.

Para sentirse bien es necesario entrar a la cantina sin remordimiento ni temor y con una acción volitiva clara. Dentro o fuera de ella, pero nunca a medio camino.

Las cantinas, en su mayoría, están ornadas con un ambiente, por más sofisticado que éste sea, de intimidad interpersonal. Para entrar a ellas se deben superar fuerzas y decires que aún sobreviven entre la sociedad. Entre éstos se halla el dicho popular que afirma: " las mujeres decentes no entran a las cantinas ", otros decires son el afirmar que la cantina es un centro servicio, un lugar de prostitución o un espacio donde se cumple el rito del varón que lo autoriza, por el simple hecho de que al visitar por primera vez la cantina se afirma que ha llegado a la virilidad. Estas frases y motivos sociales son poco contundentes para entrar y disfrutar del grato ambiente de una cantina.

La cantina es también un lugar propio para la cohesión de clases humanas dentro de la sociedad.

En este mundo interno de interrelación humana existe, en primer término, el cantinero, luego el mesero; ambos son piezas clave dentro de la cantina. Después de observarlos en variadas cantinas llega uno a concluir que son hombres serviciales, sonrientes y con un fino sentido del humor que hace más fácil su labor cuando exigen al cliente un mejor comportamiento dentro del recinto. Los meseros, en su mayoría, son bromistas, juguetones y simpáticos, no parecen representar una amenaza para aquellos que ostentan su hombría o para aquellos que pasados de tragos se envalentonan y cometen errores que después lamentan. Los meseros son las personas que contribuyen eficazmente al ambiente informal y sereno que reina en las cantinas. Son quienes favorecen el mantenimiento de las distancias sociales y específicas de los parroquianos que ingresan a la cantina con intención de beber o de relacionarse verbalmente con sus semejantes y así sentirse persona identificada. El mesero es importante dentro del recinto pero el cantinero es el alma del establecimiento. Sirve con tino los tragos, oye cordialmente al cliente asiduo que disfruta bebiendo de pie en la barra frente al laborioso cantinero, rector, desde su sitio, de todo el ambiente cantineril.

En diversos momentos se presentan también en la cantina los vendedores y oferentes de servicios, como el bolero y los que venden lotería, juguetes, plumas frente, bolígrafos, o los que invitan a sentir descargas eléctricas salidas de sus cajas de toques a fin de que los parroquianos muy hombres muestren una faceta intrascendente de ese machismo.

La cantina es un mundo de interrelación en donde el mesero lleva a cuestas la mayor parte pues se mueve constantemente por el espacio total que ésta constituye, siempre atento a servir y a crear y cultivar un buen ambiente social entre las mesas, los pasillos y las entradas y salidas del establecimiento.

La liturgia cotidiana de la cantina lleva los cánones sociales tanto en el cliente como en quienes trabajan en ella. El cliente entra al local para gastar su dinero, mientras los otros, los que se encuentran allí, están para ganarlo. El primero puede terminar su estancia en la cantina cuando él lo desee; los otros no, pues deben llevar un horario en el que atentos serviciales y alegres deben cumplir su tarea ya sea de cantinero o de mesero. Toman la orden, regresan a la barra, lleva la bebida, cobran y despiden al cliente. En esas acciones está la esencia de su labor y su servicio.

Las cantinas, en sí, se rigen con reglas ya sean creadas o modificadas. Entre las primeras se enumera la que indica que si un cliente entra a la cantina y se sienta, tiene la obligación de pedir una bebida, y el mesero, que recibe la orden, está obligado a servirla y a cobrarla. Entre las reglas modificadas está el grado de consumo de alcohol que libremente hacen los clientes, quienes usan un lenguaje propio para un discurso de cantina que no necesariamente será grosero y soez sino que puede ser fino, elevado y solemne. Reglas modificadas son: el que allí se permita el tambaleo y se disculpe el chocar con las mesas o tirar una botella sin voluntad de hacerlo, también los gestos masculinos que expresan afecto y amistad tal como el abrazo, el golpecito en el hombro o la palmada en la respalda.

La cantina es el lugar donde la persona puede hablar con el cantinero o clientes sobre asuntos muy personales o sentimientos muy íntimos que difícilmente expondría en otros lugares. El ambiente de cantina propicia la intimidad social y disculpa muchos comportamientos que en otros sitios se consideraría inapropiados. No obstante lo anterior, podemos afirmar que la cantina es importante en la cultura mexicana porque cumple muchas funciones y en ella participan frecuentemente muchos tipos de personas.

De una u otra manera la cantina afecta las vidas y el pensamiento de los mexicanos. Como ejemplo registramos aquí los juicios que tanto hombres como mujeres respetables de la clase trabajadora expresan sobre ella:.

Las mujeres dicen:.

Mi padre asiste a la cantina casi cada día de quincena; a veces regresa a casa en tres o cuatro días.

Mi esposo gasta el dinero, que yo necesito para comer, en... la cantina.

La cantina es un lugar malo donde hay... hombre muy malos. El muy feo.

No siquiera saber que mi novio va a las cantinas pero sé que asiste. La mayoría de los jóvenes lo hace.

La cantina está ubicada en un área desagradable y peligrosa de la ciudad (Brios Stross. La Cantina Mexicana como un lugar para la interacción).

Puede haber algo o mucho de cierto en estos pensamientos pero no todo es verdad pues donde se bebe y se conversa se llama cantina y no siempre es un lugar indeseable y malo.

El concepto que sobre la cantina tenía la mujer por desconocer su entorno ha sido modificado a un lugar de convivencia donde se degustan exquisitas botanas y se disfruta la bebida en compañía de los amigos o compañeros de trabajo.

Los hombres inteligentes dicen, afirma Brios Stross en el mismo escrito:.

La cantina es un refugio.

La cantina es un lugar donde voy a celebrar el día de pago. Uno debe beber para mantenerse saludable y así poder trabajar.

La cantina es lugar de hombres (actualmente también de mujeres).
A veces voy a la cantina con mis amigos y nos divertimos juntos.
Hay quienes piensan que son muy machos porque van a la cantina.

Al igual que en los juicios femeninos aquí hallamos parte de verdad pues no todas las observaciones son absolutas. En una y otra forma se manifiesta que la cantina influye no sólo en el pensamiento humano sino también en la actividad de las personas.

Aramoni, un psicoanalista que ha estudiado la cultura urbana mexicana, afirma: "Si las mujeres sufren penas intensas van al templo y al confesor. Cuando el hombres está decepcionado... o sufre una pena muy honda va a su templo -la cantina".

De esta forma la cantina se transforma en un templo masculino o en un refugio para la catarsis liberadora de las tensiones. La cantina es un territorio especial de los hombres mexicanos donde se efectúa un cambio personal después de reflexionar y buscar algunos buenos tragos dentro de este ambiente. Esta tiene facetas múltiples: templo, lugar donde se inicia la virilidad, espacio donde se trata de demostrar el machismo del parroquiano, espacio donde hay torneos de duelos verbales o concursos de ver quién bebe más, pero, sobre todo, la cantina es un sagrado lugar donde la palabra se humedece en vino.

Las interrelaciones humanas que se dan en la cantina nos indican que cuanto más íntimo conocimiento se tenga del interlocutor menos será la distancia social existente, ya que esto permite acercarse no a los grados que la sociedad estipula sino, al grado que la naturaleza marca a todo hombre: el de ser humano, y en ese mundo todos somos iguales.

La cantina juega un papel importante en el núcleo social que en ella se desarrolla, ya que la interrelación humana que allí se origina afecta al ser y quehacer de los clientes, aunque sea por tiempos limitados, para seguir actuando dentro del mundo urbanístico, familiar, laboral y social en que todo hombre se mueve.

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