El pan como medicamento

En todos los tiempos los pueblos han encontrado las formas de extraer el máximo provecho de las plantas que le sirven principalmente de alimento. Los cereales no han sido excepción. Entre los múltiples usos están las funciones curativas de las diversas partes de la planta que se use, y su grado de maduración o elaboración. Actualmente, muchos de estos usos se han perdido, pero aún perviven algunos como los siguientes:

La flor del trigo: por ejemplo, secada en la sombra y molida, vertida en el licor favorito de un dipsómano, le ayudará a dejar de beber.

Una pizca de tres dedos de polvo de flor diluida en leche y agua, y puesta a hervir, sirve para curarse de lombrices.

Las hojuelas de avena puestas toda la noche a remojar producen un agua que alivia los males de las vías respiratorias.

La levadura del pan colocada sobre los callos facilita su extracción.

También el pan tiene usos curativos. Por ejemplo, para curar el catarro se deben comer dos onzas por la mañana y dos por la tarde, de una hogaza preparada como sigue: cuatro libras de harina se amasan con partes iguales de vino y agua, se agrega la levadura, una libra de azúcar, un puño de anís y otro de hinojo. La masa se mete al horno y cuando esté a medio cocer se saca, se corta en pedazos y se vuelve a meter hasta que termine la cocción.

Para el dolor de oído, el zumbido o la sordera, debe aplicarse un trozo de pan recién salido del horno, impregnado de vino, todo lo caliente que se soporte. Esto hace que el vapor entre por el oído y cure la afección.