El pan como arma política

Por último, el dicho aún vigente de que al pueblo hay que darle "pan y circo" nos lleva a uno de los usos más importantes y universales del pan: el político, el cual, según la época y nación de que se trate adopta modalidades distintas, de acuerdo a las circunstancias y los propósitos de los gobiernos que las aplican.

Así, el pan ha sido utilizado como discriminador de clases y signo de jerarquía; por ejemplo, durante el Imperio Romano, sólo los amos consumían pan blanco. La suficiente disponibilidad y el control de su precio también han tenido, usos políticos. El abasto se utiliza como mecanismo para crear en el pueblo una sensación de bienestar que actúa, a su vez, como pantalla ocultadora de los problemas reales que lo afectan. De ahí la frase "pan y circo". A veces los gobiernos se ocupan de que los pueblos tengan la barriga llena con un mínimo de calorías, a precios subsidiados, lo cual hace olvidar la carestía o escasez de otros satisfactores; también proporciona suficiente entretenimiento -antes circo, hoy "tele" y fútbol- que distrae y enajena al pueblo de los problemas actuales.

Durante las guerras civiles o entre naciones, el pan se convierte en arma de presión. Esto ocurre con cada vez con mayor frecuencia, sobre todo cuando los países pobres se ven en la necesidad de comprar granos en el exterior y el país vendedor condiciona su venta a la adopción de ciertas posiciones políticas internas e internacionales. De esta manera, tras el disfraz de "condiciones mercantiles" "cuotas preferenciales" y otros conceptos igualmente oscuros, los países poderosos justifican su intervención en la economía de los países compradores y en los niveles de bienestar de sus pueblos.

No puede soslayarse, sin embargo, el factor seguridad que en la vida de los hombres y de los pueblos, implica la disponibilidad suficiente de pan a precios moderados. Y esto es también una función política que el pan cumple cabalmente. Esta función se manipula como arma de discriminación, de control o de presión.